Ayer por la noche, mi hermano nos llevó a Ki y a mí a un restaurante chino que hay en el subterráneo del paso de peatones del parking de Plaza de España. Por lo visto se está haciendo bastante famoso porque, según se dice, es un auténtico chino, hasta el punto de que los propios chinos madrileños van a comer allí. Yo no vi demasiados chinos comiendo, sólo a un par mientras hacíamos cola fuera (normal... hay como 5 o 6 mesas pequeñas, no más). La pena es que llegamos un poco tarde y no pudimos echarle un ojo a la tienda de productos chinos que hay justo al lado.
Hay que decir varias cosas del restaurante chino. La primera es que sí, se nota que está de moda... no paró de entrar y salir gente todo el rato. La segunda es que es barato, eso sí, como en todos los restaurantes, lo que pagas caro es la bebida. La tercera es que sí, es sórdido de narices, y te sientan sin complejos en mesas que ya están ocupadas por otros comensales. La cuarta es que, efectivamente, tienen puesto en la tele un programa rarísimo que parece una especie de karaoke. La quinta, que las raciones son generosas y están muy buenas para lo que te sueles encontrar habitualmente en un chino que no sea de diseño. En resumen: que tiene pinta de ser la típica tasca de comida casera, sólo que en chino en lugar de en español. Por cierto, aunque la carta parezca poco variada, tienen muchos más platos de los que aparecen en ella; así que merece la pena preguntar a la camarera que sale a la cola a preguntar pedidos (creo que es la única que habla un poco de español).
Mi hermano y Ki casi tuvieron que sacarme rodando de allí. Mi hermano, que es un bruto pidiendo.
Por cierto, ya puestos, nos acercamos (tampoco había que alejarse mucho) a ver el templo de Debod. Que, unido a la visita que hicimos el sábado con la familia de Ki al Palacio de Oriente, hace que tenga una idea un poco mayor de Madrid. Visita que también debería contar algún día. Fue una jornada muy divertida la que pasamos con la familia de Ki.









